Aquel día la función empezaba con un tercio de publico en este pobre circo, cuya carpa raída demostraba la ausencia del publico, los dos animales que poseía un orangután y un mico, mostraban sus huesos a flor de piel y Ramplim el payaso todero, que sin sus concurso, no habría funciones, por que hacia de trapecista vendedor de dulces malabarista… quien en su infancia aprendió las artes circenses por huir de la escuela e ingresar a los circos que de vez en cuando llegaban al pueblo, con repetidas cantatas y perifoneo, que anunciaban el arribo del espectáculo; siempre ideando alguna maroma o agujero por el cual ingresar y allí fue copiando los diferentes números, hasta que un día entro a formar parte de la caravana de uno de estos. Lleva cuarenta años de maquillarse desmaquillarse, camuflarse para complacer al publico y no ser detectado por los espectadores.
Ese día había llevado a su compañera de 30 anos de su vida al humilde hospital del pueblo; en tal grado de desnutrición, que no se podía mantener en pie y en la madrugada después de la última función falleció. Ramplón lloro y lloro, desconsoladamente; hasta la hora de iniciar la función del día siguiente; con la cual tendría que recolectar el dinero para su entierro, sufría tanto al ver que los espectadores no se acercaban a la taquilla que con una sonrisa los atraía y con las lagrimas que cada vez brotaban de sus ojos, dejando un surco en la maltrecha piel arrugada por el maquillaje y los años de sufrimiento. Pero esta vez sufriendo por que la taquilla no era para otra cosa, sino para sepultar dignamente a su amada.
Fue esta la función en que el publico que desconocía la situación rió hasta caerse de las sillas, por que no entendían como aquel payaso mostraba simultáneamente las dos facetas de la vida, profunda tristeza y exuberante alegría, el publico aplaudía y vitoreaba aquel hombre que estaba haciendo la función de su vida, con Rosita la inerte mujer cuyos despojos reposaban en anfiteatro del pueblo, si así se podría llamar aquel cuartucho abandonado en los bajos del pequeño hospital; construido hace cerca de 80 años, sin ningún mantenimiento por falta de presupuesto, por que como en todas las comarcas los políticos años tras años aportaban una partida con destino a la reconstrucción del hospital que inexorablemente se la robaban con el alcalde de turno.
Era un pueblo abandonado a las orillas de un rio, cuyos habitantes tenían por deporte el concebir hijos las mujeres y jugar domino los hombres; por cada cuadra, si acaso uno trabajaba, tenia seis manzanas la alcaldía, la iglesia, un pequeñísimo puesto de policía ocupado por dos agentes que parecían mas sus ceméntales que sus guardianes, todas las chicas en estado de merecer acudían a ganarse los favores de ellos quienes la retribuían invitándolas a comer o con una simple gaseosa.
Ramplim llevo la caja que guardaba el dinero de la taquilla a donde el sepulturero, carpintero del pueblo, para que le hiciera el cajón para su amada y luego se traslado a la casa cural y empeño las tres siguientes funciones para pagarle las pompas fúnebres al padre Manuel con la condición de que en los sermones de las misas, le hiciera propaganda al circo a fin de poderle cumplir. la función tiene que seguir y el payaso nunca mostró su angustia al publico, fueron sus mejores presentaciones y todavía lo recuerdan en el pueblo.

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