Armero

EN EL RECUERDO DE TODOS

En el año 1985, el 13 de noviembre, sucede uno de los acontecimientos que enlutaron a Colombia y al mundo entero: la erupción del Volcán Nevado del Ruiz, trayendo como consecuencia “el desastre de Armero”.

Por: Joan garcía

María Iris Moreno, sobreviviente de la tragedia de Armero, era una joven de 19 años de edad que la noche del desastre se encontraba jugando parqués con sus vecinas y una de sus hermanas, sin saber que esa sería la última partida que jugarían en Armero. Casi finalizando el juego se fue la luz, pero como María Iris y su hermana iban ganando, decidieron buscar velas para continuar la partida. Al llegar a la avenida vieron con asombro cómo la gente del pueblo, en su afán de salir de éste, atropellaban lo que se les cruzara en el camino; la gente corría hacia la parte más alta del pueblo, el cerro Alto de la Cruz; al ver esto María Iris y sus familiares corren a la loma, metiéndose por los cultivos de arroz, evitando los carros y motos que bajaban a alta velocidad, matando a las personas que se cruzaban en su camino.

La amenaza del pueblo era una inundación, como primera medida, implementaron una alarma, la cual había sonado todas las noches “era como el pastorcito mentiroso”, las personas salían de sus hogares con la falsa alarma y al regresar los ladrones habían hecho de las suyas.

María liris perdió 25 familiares, los cuales no pudieron salir, ya que se encontraban en la parte alta del pueblo; su padre se encontraba herido, la avalancha alcanzó a lastimar gran parte de su cuerpo.

“A mi papá lo arrasó la avalancha, le rajó el estomago y se le salió todo “entresijo”, con esta última palabra ella hace referencia a las vísceras. Al llegar a la loma, quedaron a la espera de un rescate, afortunadamente estaban vivos.

Héroes

El 13 de noviembre la Defensa Civil, la Cruz Roja y el Cuerpo de Bomberos de la ciudad de Ibagué tenían preparado el rescate para una posible inundación en Armero, ya que ésta era la única alarma que se tenía.

A las 11:30 de la noche, el alcalde de Armero informa a la Cruz Roja que una marea de barro está invadiendo su casa; eso fue lo último que dijo antes de perderse la comunicación.

Entre los primeros rescatistas se encontraba el hoy Sargento Carrizosa, del Cuerpo de Bomberos de la ciudad de Ibagué, quien para ese entonces ya era un miembro antiguo. Salió con su equipo al lugar del acontecimiento, sin imaginarse la magnitud de este desastre natural.

“Al llegar al lugar del desastre, sólo se ven cadáveres cubiertos por cenizas, no se podía distinguir entre vivos y muertos”, afirmó Carrizosa.

Una señora, con la pierna atrapada por el afán de salvar su vida, agarró una segueta que se encontró a su alrededor y comenzó a quitarse la pierna, los segundos eran agonizantes, pero cada seguetazo era un esfuerzo por sobrevivir. Un rescatista de la Defensa Civil trató de socorrerla; al agotar todos los recursos posibles y no poder sacarla, ella misma, con valentía, le pidió al joven que tomara la segueta y le amputara la pierna. A pesar de lo rudimentario de la herramienta y del dolor que sentía, esta señora no musitaba palabra alguna, era como si su mente se encontrara en otro lugar, lo único que quería era salvarse y salir de esa pesadilla.

Más refuerzos

Rescatistas de diferentes partes llegaron para ayudar a las personas que sobrevivieron, más de 5 mil hombres entre Fuerza Aérea, Ejército, Bomberos, Defensa Civil y Cruz Roja participaron en esta búsqueda.

Las ayudas comenzaron a llegar de diferentes partes del mundo: Perú, Venezuela, Chile, Ecuador, etc., pero en realidad era poco lo que se podía hacer. Más del 90 por ciento de la población había perecido, las pocas personas que pudieron salvar sus vidas necesitaban agua; todos estaban cubiertos por ceniza, el mayor de sus problemas eran las quemaduras, hechas por la lava caliente que bajó del volcán. Los helicópteros sobrevolaban el lugar en busca de sobrevivientes, pero el resultado no era acogedor, ya que solo quedaban cenizas.

En el recuerdo de todos

Un niño enterrado en el lodo fue despertado por un helicóptero mientras un fotógrafo le sacaba retratos a los muertos, creía que este era un cadáver más, al moverse se percataron que el niño Guillermo Páez estaba vivo.

Omaira Sánchez, símbolo de la tragedia de Armero, fue encontrada por el socorrista de la Cruz Roja Jairo Enrique Guativonza, quien la encontró en la tarde del 14 de noviembre.

Cuentan las personas, que vieron la pesadilla que empezaba a vivir Omaira, que ella quedó atrapada al caer en una alcantarilla cuando corría con su abuela y su tía saliendo del barrio Santander, donde residía. El socorrista, después de varias horas de trabajo, intentó sacarla de todas las formas posibles pero sus piernas estaban atrapadas entre una plancha de cemento, pedazos de ladrillos, palos y escombros.

Armero: un luto permanente

“Hoy con el vivo recuerdo de mi tragedia he vuelto a Armero.
Desde esta inmensa piedra lo diviso todo, lo que siento, no lo puedo explicar, no lo puedo hablar o quizás no lo deseo.
Me invade una gran tristeza y unas fuertes punzadas que se apoderan de mi lado izquierdo.
Allá muy lejos y bajo un palo de mango hay siete cruces, las toco una a una y en silenció elevo una oración a Dios. Este era mi hogar y esta era mi familia.”

Reseña escrita por Luz García, en la piedra que destruyó no solo su casa, si no también las personas que allí habitaban.

En el recuerdo de todos queda esta gran tragedia que en su momento se pudo evitar, recordamos a Armero como un pueblo de gente linda y emprendedora que por cosas de la naturaleza no pudieron seguir siendo parte de este país que los recuerda aún, hoy después de tanto tiempo.